Han pasado ciento doce años desde que el personaje de Peter Pan, creado por J. M. Barrie, saltara del teatro a la novela. Ciento doce años en los que la obra de este autor de origen escocés sigue muy presente, tanto que todavía se hacen adaptaciones cinematográficas de ella. Es posible que la mayoría de la gente no haya leído nada de este escritor e incluso puede que ni siquiera les suene su nombre, aunque, curiosamente, todo el mundo conoce a Peter Pan, el protagonista de su obra cumbre y uno de los personajes más fantásticos que ha dado la literatura infantil y juvenil.
«Todos los niños, excepto uno, crecen». De esta premisa parte Peter Pan (1911), una historia de aventuras, fantasía, magia y una pizca de drama acerca de un niño que rechazaba el mundo de los adultos porque es el único incapaz de convertirse en uno.
El cine ha acogido este mito literario con los brazos abiertos. Desde su primera aparición en 1924 en una película muda, dirigida por Herbert Brenon, no ha abandonado la gran pantalla. En 1953, Disney realizó un largometraje de animación sobre esta historia. Steven Spielberg dirigió Hook en 1991 y doce años más tarde, en 2003, P. J. Hogan se atrevió a hacer una nueva versión de Peter Pan. En 2015, el cineasta Joe Wright nos trajo Pan, una precuela que no terminó de encajar del todo bien. La cinta más reciente es Peter Pan & Wendy, un live action del clásico animado que mantiene el tono de aventura, pero ahonda en algunos temas que hasta ahora no se habían tocado en ninguna de las adaptaciones de la obra.
El hecho de que Peter Pan siga en el colectivo imaginario no solo nos trae nuevas películas, sino que también hace que, cada cierto tiempo, vuelva a salir a la luz una teoría que pone de manifiesto ciertos aspectos del protagonista para tildarlo de villano y de ser un demonio que secuestra y mata a niños. Quienes la sustentan se centran en algunos aspectos de la obra de Barrie que fueron obviados o se cambiaron en la versión cinematográfica que realizó Disney. Uno de los pilares de dicha teoría se basa en los Niños Perdidos. En la novela de Barrie, cuando habla de ellos dice lo siguiente: «Los chicos de la isla varían, por supuesto, en número según van muriendo. Cuando parece que están creciendo –lo cual va contra las reglas–, Peter se deshace de ellos, pero en ese momento había seis de ellos, contando a los gemelos como dos».
El escritor nunca dejó claro en sus escritos qué ocurría exactamente con ellos. Hay gente que piensa que lo que hacía Peter era asesinarlos. No llegaremos a saber ciencia cierta qué quería decir el escritor con ello, pero sí podemos dar un paso más allá y adentrarnos en la historia que hay detrás. Porque para entender el trasfondo de Peter Pan es necesario entender a su autor, pues la creación de este personaje está íntimamente ligada a la vida de Barrie:

Segundo hijo de los diez que tuvo el matrimonio David Barrie y Margaret Ogilvy, James Mathew Barrie, más conocido como J. M. Barrie, nació en 1860 en el mismo lugar en el que ahora descansa: Kirriemuir (Gran Bretaña [Escocia, Reino Unido]).
Este escritor tuvo una infancia muy dura que no solo le afectó psicológicamente, sino que también impregnó sus escritos. La prematura muerte de su hermano David, el hijo favorito de su madre, le marcó para siempre. Tan solo tenía seis años cuando el joven murió tras sufrir un accidente mientras patinaba sobre hielo. Barrie intentó sustituir a su hermano. Llegó incluso a llevar su ropa para intentar ocupar el lugar que había dejado el primogénito en el corazón de su madre. Sin embargo, sus esfuerzos no dieron sus frutos. Su madre nunca superó la pérdida. A menudo solía preguntar “David, ¿eres tú?, ¿puedes ser tú?”, pero cuando se percataba de que era James y no su otro hijo, comentaba con abatimiento: “Ah, sólo eres tú”.
Algunos dicen que el fallecimiento de su hermano mayor, que murió sin haber crecido, fue el germen de Peter Pan y es que Barrie, en la biografía que le dedicó a su madre declaró que «nada pasa, después de los doce años, que importe mucho”. Otros alegan que la creación del niño que no quería crecer se debe al enanismo psicogénico que sufría. El estrés infantil y los traumas producidos entre los cinco y los diez años pueden retrasar o incluso detener el desarrollo. A consecuencia del abandono familiar que sufrió y el dolor de la pérdida de un hermano, desarrolló este trastorno. Su crecimiento se detuvo en un metro cuarenta y siete y no terminó de desarrollarse físicamente.
Es como si mucho tiempo después de escribir Peter Pan me llegase su verdadero significado: intento desesperadamente hacerme mayor, pero no puedo.
J.M. Barrie
En el año 1897, a la edad de treinta y siete años, Barrie entabló amistad, durante uno de sus habituales paseos por los jardines de Kensington, con Arthur Llewelyn Davies y Sylvia du Maurier, quienes tuvieron un total de cinco hijos: George, John, Peter, Michael y Nicholas. No es casualidad que algunos de los personajes de Peter Pan se llamen igual que cuatro de aquellos muchachos, ya que el escritor visitaba tan a menudo a la familia que terminó convirtiéndose en un segundo padre para los niños. James solía narrarles historias de hadas y piratas, historias que, finalmente, acabarían formando parte de la obra.
Para el autor, el mundo infantil y el mundo adulto coexistían el uno al lado de al otro, pero sin una posible comunicación entre ambos, pues era absolutamente imposible poder disfrutar de las cosas buenas que tenían los dos. Barrie no pudo ser para siempre un niño, como así lo deseaba, pero tampoco pudo convertirse en un adulto debido a su condición. Vivió parte de su vida entre ambos mundos sin llegar a estar en ninguno de los dos. Esto quedó reflejado en su obra El pajarito blanco. En esta historia se explica que antes de nacer, los humanos son aves. Peter, al no querer hacerse mayor, había huido de casa hasta el mundo en el que habitaban los pájaros, pero en el fondo no era ni lo uno, ni lo otro, tal y como dice el personaje Salomón.
No solo eso acabó plasmado en su obra. La tortuosa relación con la mujer que le dio la vida le llevó a obsesionarse con la figura materna, tema que queda reflejado en la figura de Wendy. Cuando los Niños Perdidos hablan de ella, se alude a la muchacha como si fuera una madre.

El éxito de esta novela fue instantáneo. Tanto Peter Pan como el resto de personajes que aparecen en la historia (Wendy, John, Michael, Nana, Campanilla y el Capitán Garfio) se convirtieron en héroes para los niños de todo el mundo, ya que esta obra representa la felicidad de ser un niño donde las preocupaciones de los adultos no existen y donde todo puede convertirse en una aventura. El hecho de que se produjeran múltiples traducciones y adaptaciones solo aumentó el fenómeno.
Sin embargo, Peter Pan ya había aparecido con anterioridad en otras de sus historias como en El pequeño pájaro blanco (1902) y en una obra teatral que se estrenó en 1904. En 1906, Barrie escribió la secuela Peter Pan en los Jardines de Kensington (1906) y, más tarde, sacó la versión novelada Peter Pan y Wendy (1911) de la obra de teatro de 1904.
En El pequeño pájaro blanco, Peter Pan resulta ser la invención de un hombre soltero que tiene que ejercer de padre adoptivo. Peter, un bebé de una semana, se dedicaba a enterrar a todos los niños que se morían tras caer de los carritos. Siempre de dos en dos para que no se sintieran solos. El componente autobiográfico es innegable, no solo por la parte del padre adoptivo, sino también por los niños fallecidos.
La ventana estaba cerrada, y habían colocado barrotes en ella. Al mirar en el interior vio a su madre durmiendo plácidamente y rodeando con sus brazos a otro niño.
El pequeño pájaro blanco
El Peter de El pequeño pájaro blanco, el que se escapó de su hogar para volar por los jardines de Kensington, evolucionó hasta convertirse en el que hoy conocemos: en un niño que no crece no porque no quiera, sino porque no puede. Este Peter no entierra a los niños, sino que se los lleva al País de Nunca Jamás si nadie los reclama en siete días.
Dicha versión del protagonista fue evolucionando y haciéndose más compleja, lo que nos lleva a volver otra vez a la teoría de Peter como el villano. ¿Podría el Peter Pan que rescataba a los niños que se caían de los carritos (y que previamente enterraba de dos en dos para evitar que se sintieran solos) llegar a asesinar a aquellos que creciesen solo porque el no podía? No es algo descabellado, pero tras echar un vistazo a su vida y ver las implicaciones que esta tuvo en la obra, cuesta ver a Peter como un ser demoniaco, sobre todo por el hecho de que el personaje no es más que un pedazo que recoge todas las emociones y pensamientos de Barrie acerca de la infancia.
Aunque Peter Pan le proporcionó un gran éxito, su vida personal estuvo plagada de desgracias. No solo su matrimonio con la actriz Mary Ansell fue un fracaso, sino que además, la tragedia se cebó con los Llewelyn, la familia que inspiró al escritor escocés. En 1907, el padre cayó enfermo y falleció. Su esposa le siguió dos años después por culpa de un cáncer. En 1914, George fue abatido en la I Guerra Mundial cuando tenía veintiún años. Siete años más tarde, cuando su hermano Michael tenía la misma edad que George, se ahogó, junto con su amante Rupert Errol, en un estanque de Oxford. Aunque el novelista murió en 1937, la tragedia siguió acechando a los Llewelyn, ya que en 1959 una enfermedad pulmonar se llevó a John y casi siete meses después, en 1960, Peter se arrojó a las vías del tren.
Volviendo a la obra de James, aquellos que se adentran en ella, conocedores de la vida de su autor, descubren que el protagonista no es ni de lejos el chiquillo dulce, alegre y algo travieso que nos mostró Disney en su película de animación y cuya imagen se ha extendido hasta la actualidad. La novela tiene un sinfín de matices y secretos escondidos que solo el propio Barrie conocía. Sin embargo, sí hay algo que podemos sacar en claro de la historia es el hecho de que Peter es un niño que no puede crecer y que no quiere que los demás lo hagan. Convierte su condición en una aventura y un juego. Pero como todo niño, también es egoísta y hasta cruel.
Así es como Barrie retrata a Peter, un niño que no comprendía la razón por la que no podía crecer (como no pudo hacerlo su hermano David al fallecer de forma tan repentina, ni tampoco él por el enanismo psicogénico que sufría), un niño que no entendía por qué los demás sí lo hacían y que, en el fondo, solo quería ser un niño y disfrutar de ello.
Sea cual sea la razón por la que esta historia nació, lo que sí está claro es que no solo la obra se convirtió uno de los mitos más conocidos de la literatura infantil, sino que, en el fondo, “la segunda estrella a la derecha, todo recto hasta el amanecer” pasó a ser un refugio para este adulto que nunca terminó de crecer.

