Tras el estreno de Tenet (2020) había mucha curiosidad por saber con qué nueva historia nos iba a sorprender Christopher Nolan, y es que el cineasta británico-estadounidense cuenta con un gran número de seguidores de su trabajo. Desde que se dio a conocer Oppenheimer, ha generado mucho interés por parte del público y no es para menos, ya que se trata de una historia que se aleja bastante de las que nos tiene acostumbrados.
La película nos sitúa en una época difícil. En plena Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos comienza una carrera científica para adelantarse a la Alemania nazi en el dominio de la fisión nuclear y ganar así la guerra.
Todos saben lo que ocurrió en 1945 en Hirosima y Nagasaki y las atroces consecuencias que hubo. Es un hito que ha marcado la historia. Pese a ello, no son muchos los que conocen quienes estuvieron detrás de ello. La última propuesta de Nolan pretende acercarnos la figura de Oppenheimer, considerado el creador de la bomba atómica, no como un ensalzamiento a su persona, sino, más bien, como una crítica política y social de un mundo que no pasaba por su mejor momento.
En este metraje, acompañamos a Julius Robert Oppenheimer desde sus primeros pasos como profesor de física hasta su caída en picado propulsada por una caza de brujas, pasando por la dirección del Proyecto Manhattan. A través de una serie de fragmentos de su vida, ensamblados de forma magistral gracias al montaje, somos testigos de la evolución del personaje a lo largo de su vida y de cómo la creación de la bomba atómica supuso un antes y un después, tanto para la sociedad como para el propio Oppenheimer.
Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos.
Julius Robert Oppenheimer
Esta no es la primera incursión de Nolan en el mundo científico, ya lo había hecho con anterioridad en Interestellar (2014). En Oppenheimer, en cambio, no se limita a hablar de un hecho científico como es la creación de la bomba atómica. Tampoco busca exaltar la figura de Robert, sino que plantea, a través de los hechos, si el fin justificaba los medios y anima al espectador a reflexionar sobre la responsabilidad moral de los científicos que participaron en el Proyecto Manhattan.
El cineasta retrata a Oppenheimer como una persona con luces y sombras. Científico brillante, mujeriego, ambicioso, idealista, pero también atormentado. El elegido para encarnarlo es Cillian Murphy, un actor que ya ha demostrado su gran capacidad de interpretación en las diferentes series y películas en las que ha participado. Murphy ha aparecido en casi todos los largometrajes de Nolan, aunque siempre en papeles secundarios. Hasta ahora.
Su actuación en la cinta es sobresaliente y refleja a la perfección la crisis ética y la ansiedad que vivió el personaje en aquella época. El actor no necesita palabras para transmitir, su cuerpo y sus miradas lo dicen todo. Porque una cosa es ayudar a crear algo y otra muy distinta es ser testigo de las terribles consecuencias de dicho invento.
En cuanto al resto del reparto que conforma la película, lleno de rostros conocidos, se merecen una mención especial Emily Blunt, que logra destacar pese a disponer de un papel más que secundario; Robert Downey Jr., quién se postula como posible candidato al Óscar; Rami Malek; Florence Pugh y Matt Damon.

Atrás quedan esas películas con diferentes escenas de acción y unas bandas sonoras únicas. Oppenheimer nada tiene que ver con largometrajes como Origen (2010), la trilogía de Batman (2005, 2008 y 2012), Interestellar (2014) o Dunkerque (2017). Y, sin embargo, conserva el sello distintivo del director: una narrativa intrincada que trata temas como la identidad, la memoria y el tiempo a través de una escenografía elaborada y llamativa. Porque si de algo trata esta cinta, es de lo que perdura en el tiempo, de lo que quedará en la memoria de la gente. ¿Quién es más culpable: la persona que ayuda a crear la bomba atómica, el que da la orden de lanzarla o el piloto que la suelta sobre una ciudad? ¿Hay un determinado número de vidas salvadas capaz de justificar el número de las vidas arrebatadas? Estas son solo algunas cuestiones que se dejan caer en el largometraje.
Nolan es un director al que le gusta jugar con el hilo argumental de sus historias. Esta cinta no iba a ser menos. La película maneja dos puntos de vista diferentes: el de Oppenheimer, en color, y el de Lewis Strauss, en blanco y negro. Ambos hilados de tal forma que solo al final, cuando se tiene una visión completa de la historia, se comprende este juego de perspectivas y tiempos narrativos. Porque sí, también hay saltos de tiempo que se mezclan durante el metraje. Viajamos del pasado al presente, y viceversa, sin ninguna explicación. Tampoco la necesitamos porque a medida que el tiempo pasa, las piezas encajan.
A lo largo de las tres horas que dura el metraje somos testigos, no solo del ascenso de la figura de Oppenheimer y su posterior caída, sino, también, del momento exacto en el que el mundo cambió para siempre.

El encargado de poner la música es el compositor sueco Ludwig Göransson. Entre sus trabajos se incluyen las bandas sonoras Tenet (2020), The Mandalorian (2019) y Black Panther (2018), por la que recibió un Premio Óscar. Con un estilo que recuerda a la de Dunkerque, compuesta por Hans Zimmer, la música explota los mejores momentos de la película con un único objetivo: generar una sensación de tensión de la cual es difícil desprenderse.
El ritmo de la película es lento, denso y complejo. Se trata de un biopic en el que se entremezcla un drama judicial con un carrera bélica a contrarreloj. Esto puede llegar a resultar pesado y aburrido para algunos espectadores.
Con este tipo de largometrajes uno se pregunta si tendrán un final satisfactorio. Nolan acaba con la resolución de un pequeño enigma presente durante toda la obra. La conversación que tiene lugar entre Albert Einstein y el protagonista es sin duda un cierre a la altura de toda la narración.
Puede que Oppenheimer no atraiga a tanta gente como otras de las películas de Nolan por su temática, eso no significa que no estemos ante una película magnífica. La cinta se ha estrenado el mismo día que Barbie, no como un rival de esta, sino como un compañero de viaje que pone el foco en un pasado que a día de hoy está más que presente. Porque las decisiones que allí se tomaron conformaron nuestra actual visión del mundo.
