Desde su anuncio, Wonka ha generado escepticismo e interés a partes iguales. Los avances y tráilers que han ido sacando tampoco daban muchas pistas acerca de esta precuela de Charlie y la fábrica de chocolate que el cineasta británico Paul King se ha sacado de la manga. Y es que el director rescata uno de los grandes referentes de Roald Dahl para especular sobre sus orígenes.
Lejos queda el tono oscuro de Gene Wilder en la película de 1971 y el excéntrico Johhny Depp que disfrutamos en 2005. Wonka nos ofrece una historia que mezcla la magia, el chocolate y los sueños y le espolvorea por encima diferentes canciones para crear un musical perfecto para esta época del año.
El protagonista de la cinta es Timothée Chalamet, que se reafirma como una de las grandes estrellas de Hollywood de los últimos años. Tras ver al actor británico en papeles como Elio Perlman en Call Me by Your Name (2017) y Paul Atreides en Dune (2021), había ganas de ver qué tal se manejaba en uno con menos carga dramática. Y no decepciona.

Chalamet recoge el testigo de Wilder y Depp para ofrecernos un personaje entrañable y soñador con el que es imposible no empatizar. Junto a este actor desfilan algunos rostros conocidos como Olivia Colman o Hugh Grant y otros que no lo son como Calah Lane, Keegan-Michael Key o Tom Davis. Una mezcla que encaja a la perfección en esta película azucarada y colorida.
El largometraje cuenta con algunos decorados muy achocolatados, un vestuario lleno de color y una fotografía cuidada y bonita que apela a lo fantástico. Porque el mundo de Wonka es pura imaginación.
Es cierto que la trama que nos ofrece King es sencilla, pero no necesita más para funcionar. El cineasta no busca un producto pomposo y complejo, sino algo liguero y acaramelado con el que emocionarnos y hacernos disfrutar. No siempre se necesitan historias elaboradas llenas de subtramas y giros de guion, a veces simplemente buscamos películas que nos toquen el corazón, y Wonka es una de ellas.
«Todas las cosas buenas de este mundo empezaron con un sueño, así que aférrate al tuyo» .
Wonka
Las canciones desfilan por todo el largometraje de manera natural y resaltan ese toque extravagante de la película, sin que este llegue a apoderarse de ella. La banda sonora se convierte en un vehículo para potenciar algunas escenas y tratar temas tan universales como la codicia y los sueños. Cada número musical tiene su razón de ser y parte del encanto de la cinta es el perfecto equilibrio entre la historia y la música.
A través de un elenco de personajes que van desde los más entrañables como Noodle o Wonka hasta los más grotescos, tales como Slugworth, Fickelgruber o Prodnose, pone de manifiesto la dura cara de la vida, donde, en palabras de Noodle, «la codicia abusa de la pobreza». Para ello, utiliza el cliché en el que los malos son malísimos y los buenos extremadamente bondadosos.

Wonka hace uso de un humor inteligente lleno de dobles sentidos para el público adulto. La película juega con los diálogos para hacer reír y disfrutar al espectador, tenga la edad que tenga. A ello se le suma unas pequeñas dosis de dramatismo que, unido a la música y la historia, hacen que el resultado final funcione tan bien.
«Así que hablen mucho y escuchen poco. No. Al revés» .
Wonka
La cinta recuerda a The Greatest Showman (2017), aunque con menos coreografías y bailes mucho más sencillos, por esa combinación entre canciones, escenas coloridas y búsqueda de sueños. Es, sin duda, una opción ideal para aquellos a los que les gusten los musicales que te dejan un regusto muy dulce en la boca.
Wonka es un canto a los sueños, un recordatorio de que no hay que dejar de lado la magia, el color y la luminosidad que percibimos cuando somos más jóvenes. Es una historia positiva llena de bondad e ilusión que conserva la inocencia de un cuento de hadas. Paul King ha logrado un equilibrio entre el caos y la emoción, la magia y el drama que tiene alma propia.
