Que los musicales están de moda es un hecho. Solo hay que pasearse por las céntricas calles de Madrid o echar un vistazo a las carteleras de los teatros de la capital para darse cuenta de ello. Pero los musicales siempre han estado ahí, solo que han tenido siempre un presupuesto mucho más modesto.
Una prueba de su constante presencia es, por ejemplo, Los Miserables que se estrenó en 2014 o La Bella y la Bestia, del 2007. Ahora la oferta cultural de este tipo de obras es impresionante. Disponemos de musicales más sencillos como puede ser Tick, Tick… Boom! hasta grandes colosos como El Rey León, que se instaló en el teatro Lope de Vega en 2011 y no se va movido de allí desde entonces. Y es que el rey de la sabana se ha convertido también en el rey de los musicales tras trece años en cartelera.
Mientras tanto, el resto órbita a su alrededor con mayor o menor fuerza. Algunos pasan tristemente desapercibidos, como fue el caso de Una rubia muy legal (obra que merecía una mejor acogida), y otros se convierten en el centro de atención durante un tiempo determinado, como La historia interminable o Aladdín.

De este último hemos venido a hablar precisamente en la revista. Stage Entertainment España, productora del musical El Rey León, recuperó este clásico de Disney, que llegó a la pantalla en 1992, para traerlo a los escenarios de todo el mundo. Aladdín El musical comenzó su andadura en Broadway en 2014, pero no fue hasta el año pasado que está historia, que ya ha conquistado ciudades como Nueva York, aterrizó en la Gran Vía madrileña.
Han pasado más de treinta años desde que se escucharon por primera vez canciones como Un mundo ideal, Príncipe Alí o Un genio tan genial. Esta historia, que cautivó tanto a adultos como a niños, sigue resonando en el recuerdo de muchos.
Su llegada a la capital en marzo del año pasado generó curiosidad y expectación a partes iguales. Se habló mucho de él los meses previos a su estreno y semana tras semana, son muchas las personas que pasan por el teatro Coliseum para disfrutar de esta historia que ya forma parte del imaginario colectivo. Este tipo de obras, que tienden a ser más ambiciosas y, por tanto, más caras generan siempre una duda: ¿Merece la pena gastarse ese dinero en ir a verlo?

Con ya más de quinientas funciones a su espalda en el teatro Coliseum, el musical recuerda más al live action que a la película de animación. Si esperas ver un calco de la película en un escenario de teatro, quizás esta obra no sea para ti. Aunque respeta la historia original de Disney, el background que le han dado tanto a la historia como a los personajes hacen que la obra sea mucho más redonda.
Los animales desaparecen para convertirse en personas de carne y hueso. El mono Abú que acompaña a Aladdín es sustituido por tres amigos, mientras que el loro Iago se transforma en un divertido súbdito de Jafar.
Aladdín El Musical se extiende en un escenario que parece pequeño para una obra de este calibre. Con un puesta en escena brillante en el que los decorados y el vestuario cambian continuamente consiguen sacarle el máximo partido al poco espacio del que disponen. Quizá no logre ponerse a la altura de El Rey León en el apartado visual, pero hay que ser sincero, muy pocos podrán hacerlo. Aladdín no necesita esa espectacularidad, pues es capaz de llenar el teatro gracias a su colorida puesta en escena.
Si tuviéramos que destacar algo de la obra, además de la ya mencionada puesta en escena, sería el elenco. Son muchos los actores que pisan el escenario y llenan el teatro con sus bailes y sus actuaciones, pero quien se lleva la medalla de oro es, sin lugar a dudas, David Comrie en su papel de Genio. No podían haber elegido un mejor maestro de ceremonias. El actor panameño se dirige a los espectadores y los anima. Arma la historia con una gracia y un encanto únicos y logra meterse al público en el bolsillo gracias a los pequeños guiños de la actualidad que introduce en la historia. Y es que no hay un genio tan genial como David Comrie.

Es cierto que el musical mantiene las escenas más importantes de la película, pero también incluye otras que amplían y actualizan la historia e introducen nuevas canciones. Sí disfrutaremos, por ejemplo, de la icónica escena de Aladdín y Jasmine sobrevolando la ciudad en la alfombra mágica. Desde ¡Cuánta Cultura! teníamos muchísima curiosidad por saber cómo iban a abordar este momento y el resultado fue mágico.
Esta obra de teatro nos ofrece una ventana a un mundo lleno de aventura y amor y nos demuestra que la música es capaz de transportarnos a cualquier época y lugar. Pisar el teatro Coliseum de Madrid significa volver a disfrutar de melodías míticas de las que es difícil desprenderse, incluso después de haber acabado el espectáculo.
A la pregunta que planteábamos al inicio del artículo sobre el musical os respondemos de forma clara: sí. Merece la pena subirse a la alfombra que nos tiende Aladdín para sobrevolar Ágrabah y soñar durante dos horas y cuarenta y cinco minutos. Porque si algo nos queda claro es que no hay un musical tan genial.
